domingo, 26 de enero de 2014

la casa de mi padre

De la casa de mi padre", de Jaime Izquierdo. Sobre Manolo Corces y San Esteban de Cuñaba:

"Una tarde, tendría entonces yo unos 10 años, jugando con mis amigos en un parque de Burdeos, a uno de ellos se le cayó el bocadillo a un charco. La escena era cómica, tanto porque casi todas las caídas intrascendentes lo son, como por la cara de desconcierto que se le quedó a mi amigo.

Mi padre, que contemplaba la escena desde lejos, me llamó. Me preguntó, muy serio, que de qué me reía. Turbado por la pregunta y el tono no supe muy bien qué contestar:

—Con los amigos ―me dijo― se comparte todo: las desgracias, las risas y… la merienda también. No puede ser nunca su desgracia indiferente para ti. Ni mucho menos motivo de chanza. Habla con tus amigos y diles que tenéis que compartir vuestros bocadillos con el chico que se ha quedado sin él…

De regreso a casa mi padre quiso dulcificar la regañina y me contó la historia de Basilia, una vecina de San Esteban de Cuñaba que no tenía marido y que tenía cinco hijos pequeños a la que un mal año se le había muerto el cerdo. La pérdida del cerdo era entonces una tragedia que anticipaba un invierno de hambres. Llegado el tiempo de la matanza, sin necesidad de que Basilia lo pidiese, sin necesidad de que ninguno de los vecinos lo reclamase, de todas y cada una de las casas de la aldea se le hizo llegar a Basilia una parte de la matanza.

— Esas cosas, Gerard ―concluyó mi padre― son las que nos hacen sentirnos bien con
nosotros mismos y con los demás. La fraternidad se escribe con letras mayúsculas
pero se construye con pequeños gestos, algunos casi imperceptibles, que aportan
satisfacción tanto al que da como al que recibe…"

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