sábado, 26 de abril de 2014

Moranchel en Viaje a la Alcarria.

El paisaje de Cela es costumbrista: “A la entrada de Torija unas mujeres cantan mientras lavan la ropa”. No hay historias de grandes batallas ni lugar para mitos ni majestuosidades. No le interesan demasiado los monumentos. Mira más a las gallinas, a las cabras y a los conejos, a los muebles del comedor, a las mozas con sus cántaros, a la niña que “juega con un gato blanco y negro”… Los campos son infinitas extensiones de labor regadas por el sudor de los labradores. Cela juzga los pueblos al primer vistazo: “Brihuega tiene un color gris azulado, como de humo de cigarro puro. Parece una ciudad antigua, con mucha piedra, con casas bien construidas y árboles corpulentos”. Cifuentes es “un pueblo hermoso, alegre, con mucha agua, con mujeres de ojos negros y profundos” y “Moranchel es un pueblo pardo, no hecho para estar rodeado de campos verdes”. De otro color es Masegoso, “grande, polvoriento, de color plata”, mientras que “Casasana tiene un color entre verdinegro y gris azulado, muy bonito”.

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