jueves, 1 de mayo de 2014

Hay que recordar que somos pocos .

Hay que recordar que la población residente en municipios previsiblemente rurales (menores de 2.000 habitantes) ha pasado de 3,3 millones de habitantes en el año 1981, a 2,4 millones en el año 2014; es decir, el medio rural ha perdido alrededor del 35% de su población, y su peso con respecto al total nacional se ha reducido notablemente (pasa del 9% en 1981 al 5% en 2008).

 En los municipios pequeños se han preservado muchos aspectos que son esenciales: una cultura campesina que es la autentica cultura, es la que tiene un poso de siglos y de miles de años; el saber acumulado y transmitido de generación en generación que es muy importante; hemos preservado la identidad de los pueblos, de la tierra, de la gente; hemos preservado el entorno natural, la biodiversidad, los recursos naturales, el patrimonio cultural, los valores comunitarios, las relaciones de vecindad. Todo eso tiene un enorme valor también económico, pero más que económico tiene un valor social, cultural, de sentido, de futuro, que hay que defender y que hay que reivindicar y que la sociedad tiene que reconocer. Por eso hay que entender que es muy importante en estos momentos de crisis, revitalizar los municipios y pueblos pequeños y optar por ellos. Por lo que significan, por lo que pueden aportar al conjunto de la sociedad y porque pueden ayudarnos a encontrar alternativas y salidas, utópicas o revolucionarias o realistas, no lo sé muy bien.

Hoy vemos tambalearse este modelo de desarrollo debido a la crisis y es el momento en que muchos nos preguntamos por qué, teniendo un territorio tan vasto y rico, vivimos o malvivimos hacinados en las ciudades, cuando a pocos kilómetros hay tanto por hacer, pero el estado centralista y autoritario continua presionando  a las zonas rurales para acelerar su pérdida de población con la ley de entidades menores, ahora nos amenaza el turismo que quiere pueblos vacios. El Proyecto de Ley  de  racionalización y sostenibilidad  de la Administración Local,  conocida como Ley Montoro tendrá un  efecto devastador sobre las poblaciones y los territorios rurales. Y es que el desarrollo social y económico que tienen reservado para nuestras comarcas, es la emigración laboral, el deterioro ambiental y la desertización demográfica.  Pueblos cuanto más vulnerables mejor, dominados la mayoría de ellos por alcaldes corruptos, por mafias deshonestas que aún al día de hoy, acceden y se mantienen indefinidamente en el poder local.

En la actualidad el medio rural sigue con su tendencia a la despoblación y al envejecimiento de la población; si bien su importancia cultural, ambiental, paisajística y de creciente interrelación con el medio urbano, le proporciona un interés creciente para la sostenibilidad. Sin embargo, el territorio rural no es homogéneo. En la heterogeneidad de los territorios rurales intervienen muchos factores que reflejan las diferencias socioeconómicas que existen en España. Por ello no tiene porqué haber un único tipo de receta de cómo tiene que ser el modo de vida de las zonas rurales. Cada realidad geográfica tiene sus particularidades y los entes locales deberían poder auto-organizarse de forma acorde a su propia realidad. 

A pesar de todo, esta ruralidad se resiste a morir y se prevé una operación combinada tanto de las personas autóctonas, neo rurales, como de los que un día emigraron para que esto no suceda, a pesar de las nuevas amenazas como el mal llamado "Turismo Sostenible" que pretende la despoblación de muchas áreas rurales para llegar con sus agencias de turismo privadas y urbanas para traer turistas un día a la semana. No olvidemos que este tipo de turismo, que se basa en inversión pública para beneficio privado,  tiene ejemplos de fracaso por todo el mundo.

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