lunes, 9 de febrero de 2015

Ishi.

 Una historia real que refleja las consecuencias de la ignorancia y la avaricia del ser humano:


· "Soy el último del Pueblo, cuando haya desaparecido, será como si nunca hubiésemos existido."
 Ishi fue un indio Yahi. Esta tribu vivía en los valles montañosos del norte californiano a placer, pero la fiebre del oro desató el arribo descontrolado de miles de personas. “El Gran Valle es más grande que la mayor de las praderas. No uno, sino muchos ríos atraviesan trazando vueltas y curvas. Las encinas crecen altas y cargadas de bellotas. ¡Y las hierbas cubren la tierra! En un tiempo, el pueblo del valle y los ciervos del valle engordaban aquí y había gran cantidad de ellos. Ahora engordan los sàldu (hombre blanco) y sus vacas. ¡Muchos sàldu!, están en todas partes... ¡demasiados sàldu!” Los años pasaron y fueron quedando sólo Ishi y su familia pero, en 1908, tras el descubrimiento por una expedición de técnicos de una presa hidroeléctrica de su último escondite, no quedó más que uno: Ishi. Los siguientes tres años los pasó deambulando y evitando el contacto humano.
 Finalmente, hambriento y ya sin poder juntar su comida por depredación de su hábitat se entrega en 1911 al “mundo de los saldu”. El sheriff no sabía qué hacer con Ishi, y lo metieron en una celda de la cárcel. Ishi no tenían forma de comunicarse con la gente del pueblo porque sólo hablaban la lengua Yahi. Sam Batwi, de la tribu Yana, llegó a ser un intérprete para Ishi, aunque los dos hombres hablaban diferentes dialectos. Finalmente, se quedó en el Museo de Antropología en San Francisco, donde vivió el resto de su vida. La vida en San Francisco fue muy diferente de cualquier cosa que Ishi había imaginado. En su tierra Deer Creek, Ishi nunca vio más de 30 o 40 personas al mismo tiempo. Cuando fue a su primera obra de teatro musical en un teatro de San Francisco, estaba tan sorprendido por el tamaño de la audiencia que sólo miraba a la gente más que a la obra. “Ahora lo sé: no hay nada que esté mal en los pies de los sáldu. Lo que está mal es lo que vosotros llamais zapatos. ¿Cómo sabes por dónde andas cuando tus pies no tocan la tierra?" Una vez que aprendió inglés le preguntaron cual era su nombre. Él respondió Ishi, que en su lengua significa hombre. Nunca quiso decir su verdadero nombre. Cuando le preguntaron por qué, el respondió “No tengo ninguno, porque no hay gente para nombrarlo”

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