domingo, 24 de mayo de 2015

La curva de Moranchel

En Moranchel de nuevo lo mismo de ayer, las mismas calles con las mismas piedras mudas y las mismas hojas secas, el mismo perro que te ladra, la misma gente, las mismas sonrisas.
Un domingo por la tarde descubrió cómo parar un rato las rutinas, las situaciones molestas,  tristes ,   aburridas , las situaciones que le superaban, la falta de esperanza.

Sucedió al entrar en el Bar, a tomar  un café con leche.Siempre prefería situarse en la única curva de la barra de madera.Escogía si estaba libre, el mismo sitio,la curva , la redondez.Nunca cuadraba, porque a él le gustaban las formas redondas como las canicas.Al principio, no hablaba con nadie; luego ya conocía a los parroquianos  del Bar Rimun,la mayoría de los cuales eran pescadores , cazadores y algún aldeano del lugar o de capital,diría yo. En ocasiones se sentaba en las mesas con ellos ,a jugar una partida de mus, si se lo pedían , pero las más de las veces ,seguía siendo adicto a  su sitio, cerca de la puerta.
Allí en la curva se sentía como si estuviera al borde de un precipicio; te mueves un paso y estás  en la recta derecha de la barra, la que acaba en el florero y la carta de helados, te mueves otro paso hacia el otro lado y estás en la recta izquierda la que acaba en las barajas de cartas,los tapetes verdes y el calendario.


Difícil mantener el equilibrio en la curva.
Allí se sentía siempre en los límites, allí lo podías buscar pero nunca en las fotos.Es allí el único lugar donde encontró la forma perfecta de no escuchar falsedades.Allí  descubrió que lo que duele, lo que nos supera, lo que no entendemos, a veces  nos desborda.....y , si, necesitamos un respiro,tenemos derecho a ese respiro, necesitamos parar el mundo y dejarnos caer en nuestra curva especial, donde se respira  a  pleno pulmón , mientras el mundo gira y gira...

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