lunes, 27 de julio de 2015

Moranchel Junta vecinal.



En muchos pueblos pequeños se conserva la llamada “casa de concejo”. Ya en tiempo de la dictadura franquista estas casas fueron reconvertidas en teleclubs. Reunirse para ver la televisión y jugar a las cartas quedó como único vestigio de la secular tradición democrática del concejo. La conversión de las casas de concejo en teleclubs durante el franquismo representa perfectamente la decadencia y derrota definitiva de la institución del autogobierno popular que por siglos rigió la vida de pueblos y ciudades. El concejo era la forma de resistencia ante el creciente poder de las clases dominantes, durante el pasado feudal como después en la modernidad, cuando fueron emergiendo y confluyendo los estados y el capitalismo tal como hoy los conocemos y padecemos.

En 1978, el texto constitucional del Estado español no tuvo inconveniente en conservar el concejo como reliquia democrática de tiempos pasados, eso sí, restringido a las despobladas aldeas que lograron sobrevivir a la masiva migración rural planificada por el franquismo en su fiebre desarrollista. Los polos industriales construidos junto a las grandes ciudades precisaban con urgencia de la mano de obra barata procedente de las aldeas, que ya por entonces sólo se reunían en la casa de concejo para jugar a las cartas y ver la televisión. 


Hay quien quiere emplear su energía en rescatar la institución del concejo en los pequeños pueblos, tal como dice la constitución española, y hay quien no se conforma con conservar esos paupérrimos concejos, quien no quiere esa insignificante conquista, ni siquiera como compensación del Estado a las poblaciones rurales, por cierto, deshauciadas por el mismo Estado. 

Ahora, con experiencia y perspectiva histórica, hemos aprendido que la crisis en la que vivimos es algo más que financiera, que es civilizatoria, integral y global, y hemos reflexionado sobre ello. Ahora lo que queremos ya no son parches, chapuzas, ni teleclubs para ir sobreviviendo al aparato estatal-capitalista y a sus nihilistas consecuencias. Ahora queremos democracia real, la que anunciamos alegremente en el 15M, local y global, directa e integral -ética, económica, política, social y ecológica-, nada de medias tintas. 

Ahora queremos ser el nuevo sujeto consciente organizado en concejo local y global, ahora sí para la democracia real, para el autogobierno; ahora nos sobran todas las clases parasitarias y diletantes, tanto las sumisas como las dominantes, nos sobran todos los partidos, sindicatos y parlamentos de camuflaje o tapadera; ahora, antes de que se recomponga en su genuina forma fascista, nos sobra toda la bestia al completo, estatal y capitalista; ahora no necesitamos permiso para reconstruir el sentido convivencial de la vida y organizarnos en concejo, ahora es cuando toca fundir finalidad y estrategia, ahora es el momento y algunos ya estamos en ello, para derribar a la bestia construyendo comunal y concejo, en cada barrio, en cada pueblo y ciudad del mundo. 

Ésto sí que es confluencia en común y con sentido, que no será televisada, que no espera ser inaugurada en víspera de elecciones, que no finaliza en ese ni en ningún otro día. 



Fuente :http://blognanin.blogspot.com.es/2015/07/sin-democracia-no-hay-comunal-ni.html

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