martes, 25 de agosto de 2015

Los cipreses de Moranchel

 En Moranchel nunca antes hubo cipreses hasta que en  el año 2008 un vecino donó al ayuntamiento 4 . Dos de ellos se plantaron en  el campo de petanca , justo encima del frontón y debajo de la torre de la iglesia, los otros dos cipreses se plantaron en el cementerio.
Y ahí están , casi 8 años con nosotros,  formando parte de nuestro actual paisaje.Ojalá que los cipreses nos acompañen durante muchos años  y dar las gracias a los  vecin@s que los cuidan año tras año y también gracias al vecino que los donó y que también sigue cuidándolos.

ARBOLARIO. El ciprés.
"Dicen que provengo de Oriente Medio, pero la verdad es que me recuerdo cultivado por el hombre desde tiempos inmemoriales y así habito el Mediterráneo, buena parte de Europa, Escocia e Irlanda, y avanzando hacia Este, hasta el confín chino. Soy yo, el de la sombra alargada, el más espiritual de los árboles: el Cupressus sempervirens ¡El ciprés! El pozo que se hizo árbol, como me poetizó Ramón Gómez de la Serna.
Mira, mi silueta de pincel caracteriza los paisajes de Italia y Grecia dando relieve a la horizontalidad de sus campos. Van Gogh me pintó doblado por el viento, como llamas verdes que se agitan llenas de vida… Y además soy el árbol perenne que simboliza la muerte y el renacer. Recto hasta el cielo, ocupo un ínfimo espacio, capaz, incluso, de crecer arrimado a una pared sin desviarme de la vertical… Tal vez por este formidable ascenso, me habéis convertido en símbolo de espiritualidad, austero como un monje o ermitaño entre los árboles. Viviendo junto a los monasterios, los claustros y las ermitas de parajes agrestes y desolados… O en el silencio de los cementerios, donde reino durante una eternidad que puede prolongarse más allá de dos milenios…
Lo que a lo mejor no sabes es que en mis ramas albergo multitud de aves que escogen mi tupida fronda para edificar sus nidos y que he sido uno de los más famosos habitantes de los jardines persas y musulmanes, donde la belleza y la alegría se matizan con mi fragancia y mi grave presencia… ¡Ay!… ¡Sobrio ciprés vestido de todas las luces. Dorada y rojiza al alba. Y al ocaso, verde y azul y amarilla!… Pero… ¡qué negra es la sombra que gira a mi alrededor huyendo del sol!...
En fin, que soy el obelisco que anuncia, desde la lejanía, un lugar sagrado, o una ruta, o una venta o un lugar habitado… Todo esto y aún más me ha ayudado a descubrir sobre mí mismo el cronista de los árboles, Ignacio Abella, eso y que…¿A qué no sabías que mi gran sonoridad me convierte en el material preferido por las buenas guitarras de flamenco?... Pues eso… qué olé y olé yo, ¡el Ciprés, mi arma!

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